Hola a todas y a todos,

Soy el Dr. Moreno Garrido, tengo 64 años y 40 de práctica médica en varios ámbitos de la medicina. En todo este tiempo, la respuesta a una pregunta me ha obsesionado y ha provocado en mí, afortunadamente, una búsqueda constante, así como cambios frecuentes en mi práctica médica y sobre todo en la concepción de la vida y también de la muerte.

¿Por qué los médicos curamos tan poco?

La primera respuesta a esta pregunta la encontré hace mucho tiempo: tratamos a todo el mundo por igual cuando realmente somos seres únicos e irrepetibles. Todos vivimos saludablemente de forma diferente y todos enfermamos de forma diferente. La revolución tecnológica nos ha permitido conocer hasta el último resquicio de la última célula de nuestro cuerpo, el componente bioquímico completo de nuestras funciones corporales, cuadrícula a cuadrícula, órgano a órgano, sistema a sistema. Se nos olvidó juntar luego todo para entender que ese todo es el que está sano o enfermo y no su riñón o sus pulmones.

Tratamos a todo el mundo por igual cuando realmente somos seres únicos e irrepetibles.

Por otro lado, ya conocíamos la sabiduría ancestral de la medicina china que nos alentaba a encontrar el equilibrio de nuestro cuerpo, de nuestra mente y nuestra alma a través de dos modos de entender el mundo, contrapuestos, pero absolutamente complementarios: el YIN y el YANG. Ello explicaba con naturalidad filosófica cómo ante situaciones similares o incluso idénticas, unos enfermaban y otros no. Cómo nuestro cuerpo y nuestra mente están capacitados para absorber traumas y volvernos a la normalidad sin más instrumentos que la paciencia, la serenidad y el uso de elementos que la naturaleza nos lega generosamente.

Las prisas nunca fueron buenas consejeras, pero la sociedad de mercado necesita remedios para ser productiva y no puede esperar. Y la industria farmacéutica se aprovecha de ello alentando la ansiedad y el miedo. El médico suele estar en medio, algunos como lavándose permanentemente las manos, sin asumir responsabilidad ante pruebas diagnósticas invasivas que hacen sufrir o ante tratamientos farmacológicos cada vez más dañinos. Pero están convencidos de que siguen los principios científicos, aunque nuestro gran mentor Hipócrates, al que juramos seguir, dijera que, antes que nada, el médico no debe hacer daño (primun non noscere).

Afortunadamente, hay médicos valientes, osados, preocupados por la naturaleza del ser humano y por sus circunstancias. El Dr. Carvajal Posada, creador de la Sintergética, entre otras muchísimas cosas coherentes dice: “En la Torre de Babel de las mil y una tecnologías médicas, pretendemos que el enfermo nos comprenda cuando confundimos al ser humano con su cuerpo. Confundimos la medicina con la sola ciencia y negamos el arte milenario de sanar que tiene más de palabras o silencio, más de comprensión amorosa y sentido de vivir que de técnicas asépticas”.

Afortunadamente, hay médicos valientes, osados, preocupados por la naturaleza del ser humano y por sus circunstancias.

O el Dr. Goiz Duran, que, con la sencillez, pero la grandeza de un ser humano único e irrepetible, y además valiente y extremadamente inteligente, diseña toda una ciencia médica apartada de la designada como oficial o convencional, pero con bases igualmente científicas, para ofrecer a la humanidad un método inteligible, fácil de operar y tremendamente efectivo; el Biomagnetismo Médico.

La Salud-Enfermedad es un binomio, podríamos decir, estable, que está condicionado por las alteraciones físicas, psíquicas, emocionales y ambientales que le rodean. De la interacción de estas fuerzas se deriva estado de salud o de enfermedad. Ya adelanté que nuestro cuerpo tiene herramientas suficientes para procurar un nuevo equilibrio (YIN-YANG), no obstante, cuando esas alteraciones, en forma de estresores internos o externos, permanecen demasiado tiempo o su intensidad es exagerada, nuestro organismo agota sus reservas de “defensa” y enferma. En síntesis apresurada, esta es el fundamento de nuestra terapia y de nuestra filosofía de salud. La salud es equilibrio, la pérdida de ese equilibrio es la enfermedad.

La Salud-Enfermedad es un binomio, podríamos decir, estable, que está condicionado por las alteraciones físicas, psíquicas, emocionales y ambientales que le rodean.

¿Qué elemento interno, orgánico o inorgánico, físico o químico, refleja ese equilibrio?: el potencial de hidrógeno (pH), fundamentalmente el ph del líquido extracelular. En una persona sana, feliz, que se alimenta bien, que disfruta de la vida, que ama y es amada, su pH será probablemente casi neutro, es decir 7,3. Ya sabemos que entre 7 y 14 al pH se le califica como alcalino y entre 7 y 1 como ácido. Por tanto, el equilibrio está en el punto medio, como en casi todas las cosas de la vida.

Entonces, ¿qué puede alterar ese pH, ese equilibrio?: básicamente: alimentación inadecuada, hábitos tóxicos, estrés, conflictos emocionales, contaminación ambiental y la presencia de patógenos. Por tanto, ya tenemos varios ámbitos desde donde poder actuar para conseguir el reequilibrio. Nos detendremos en el que consideramos fundamental, desde la perspectiva del Par Biomagnético: los patógenos.

Los patógenos son agentes que pueden producir un daño a la biología de un huésped, hombre, mujer o cualquier ser vivo. La mayoría de los patógenos, en realidad, no lo son. Me explico. Muchas bacterias son saprofitas o comensales, esto quiere decir que son necesarias para muchos procesos biológicos internos, como pueden ser la digestión, la producción de defensas contra agentes externos, etc… Aisladamente, algunos patógenos como bacterias y virus, no tienen capacidad patogénica o de hacer daño. El gran descubrimiento del Dr. Goiz se refiere precisamente a algo que ya sabíamos, que los patógenos se juntan en una forma que se llama simbiosis. Pues bien, según el Dr. Goiz, esa simbiosis es la que en realidad hace daño a la persona, no la bacteria o el virus aislado.

Otro gran descubrimiento del Dr. Goiz se basa en que cada patógeno se localiza en un lugar determinado del cuerpo y que su desarrollo se basa en un grado de acidez o alcalinidad del tejido u órgano que lo sustenta. Pues bien, si su presencia acidifica un tejido u órgano, lo hace a expensas de la alcalinización de otro. A eso es a lo que el Dr. Goiz denominó Par Biomagnético.

El Dr. Goiz, promovió el uso de imanes de mediana intensidad (1.000-10.000 Gauss) para tratar las distorsiones del pH originadas por la presencia de patógenos.

Otro gran descubrimiento del Dr. Goiz se basa en que cada patógeno se localiza en un lugar determinado del cuerpo.

En un resumen apresurado podríamos decir que la enfermedad se produce por distorsiones del pH mediadas por la presencia de organismos patógenos que producen una desviación del mismo hacia el lado ácido o alcalino y que el uso de imanes de mediana intensidad impactados en lugares previamente estudiados, produce un equilibrio energético inmediato que propicia la curación de enfermedades o el alivio de síntomas. De esta manera, se trata el origen de la enfermedad, no los síntomas.

Los médicos nunca usábamos este sistema, así era que curábamos tan poco.

No solo los médicos sino cualquier persona con conocimientos básicos del comportamiento humano, con deseo de ayudar a los demás y con necesidad de estudiar, puede acercarse a esta maravillosa terapia que a nadie dejará indiferente.

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